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Los espacios hablan, responden, acogen los sonidos que en ellos se producen; los magnifican y los realzan. Los espacios gritan, agreden, amplifican los ruidos, ensucian la palabra, crean ecos y distorsionan los mensajes o la música.
El control de la reverberación, de la inteligibilidad, el control del ruido; en definitiva, la calidad acústica de un recinto obedece unas leyes y unos requerimientos que forman el núcleo de la acústica arquitectónica.
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